BELLEZA
-Creo que el hombre adquiere conciencia de sí mismo, distingue claramente el carácter subjetivo de la belleza, la cultura caldea como la egipcia, la asiria, así como la africana, la precolombina etcétera. Nos han dejado claras muestras de este concepto sobe la naturaleza de lo bello, pero es en la cultura Helénica en donde encontramos ya la constancia escrita de la aseveración mencionada.
El filósofo sofista Protágoras, asegura en sus escritos que:
“EL HOMBRE ES LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS”.
Pero es Plotino quien clarifica el pensamiento de su época, sobre este tema, al asentar este sorprendente pensamiento:
“EN LA BELLEZA CONTEMPLAMOS EL REFLEJO DE NUESTRO ESPÍRITU”
Sin embargo y a pesar de que desde esa lejana antigüedad, ya había quedado esclarecida la verdadera naturaleza del fenómeno denominado bello, hubo posteriormente grandes periodos de la historia humana en que la confusión estética fue tal, que se aseguró que lo bello residía en las cosas. Por lo tanto los objetos y sujetos eran bellos en sí y puesto que la belleza residía en los objetos, en los sujetos y en las cosas, el buen arte era aquel que hacía una minuciosa imitación de las cosas clasificadas como bellas.Un hombre una mujer, un tibor o un paisaje, eran según un patrón establecido, bellos o feos. Las mismas acciones eran objeto de estas distinciones, pero por lo que se describía agrandes personajes representado acciones sublimes.
La gran pintura solamente representaba temas religiosos, políticos o históricos. En ese largo período de nuestro pasado, se insistió mucho en la importancia capital del tema en la obra de arte. Hoy nuevamente, algunas dictaduras sostienen igual postura y pretenden otorgarle al tema o anécdota un valor estético del que siempre han carecido.
Pero si durante todo este tiempo mencionado, se asentó que la belleza residía en las cosas, ya desde finales del siglo XVIII se operó una revalorización del concepto bello, teniendo en la actualidad una connotación muy similar a la que sobre el tenían los griegos: O sea que el concepto bello, es de esencia subjetiva, es parte del mismo ser y se desarrolla en el estado contemplativo.
Así es que si nos preguntamos que es una cosa bella, la mejor respuesta podría ser: Una cosa sensible que nos emociona por la significación que le otorgamos.
Por lo tanto, la belleza no posee un valor intrínseco y solo adquiere sentido cuando se relaciona con la sensibilidad. Lo que llevaría a la conclusión de que no son las que propiamente deben llamarse bellas, sino solo las emociones que provocan en la psique.
Consecuentemente no hay nada bello en sí y lo que puede ser motivo de profunda emoción estética para unos, quizás no lo sea para otros. De acuerdo a esta postra: belleza es una cualidad que atribuimos al objeto. Las cosas no significan nada en sí, somos nosotros quienes les atribuimos un significado o sentido.
En las Escuelas Psico- Fisiológicas de la Einfuhulung o Endopatía (Imitación simpatía Interna) el alemán Teodoro Lipps, sienta las bases del (Animismo inconsciente) refutando la opinión tradicionalista que considera al contemplador como un elemento pasivo ante el objeto, afirmando este gran filósofo que la belleza es algo positivo ante el objeto, afirmando este gran filósofo que la belleza es algo propio y exclusivo del contemplador. Es decir; que los objetos no tienen en sí mismos la cualidad BELLO, es el contemplador quien la posee. Cuando se siente un objeto como bello es porque el contemplador proyecta su yo sobre el objeto y el goce recibido vienen siendo un Eco de sí mismo.
Por todo lo anterior se deduce que el hombre, de acuerdo con sus experiencias estéticas, de acuerdo con su información, con lo afinado de sus percepciones sensoriales, de su imaginación, de su sensibilidad estética o sea de acuerdo con la riqueza de su mundo subjetivo, le da o le niega a las cosas, objetos o fenómenos, la calidad de lo bello. Concluyendo que lo bello no se encuentra en el objeto sino el sujeto. Es el contemplador quien introduce en lo contemplado, su yo espiritual y goza en cierta forma en su propia contemplación, en un auto goce subjetivo.
Para terminar se hace oportuno recordar ese luminoso pensamiento de Benedetto Croce sobre lo bello:
“EL HOMBRE SIENTE LA BELLEZA COMO EL NARCISO MÍTICO AL ASOMAR SU ROSTRO A LA FUENTE”.
Mtro. Raúl Gamboa Cantón

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